LA AUTOESTIMA EN MÚSICOS Y ARTISTAS

La autoconfianza es fundamental para evitar la aparición del miedo escénico en músicos y artistas.

Cuando hablamos del problema de la ansiedad escénica o miedo escénico, de manera automática aparecen los conceptos de la falta de autoestima y de la aceptación.

Los músicos, desde que comenzamos nuestra formación nos vemos sometidos a una gran presión y exigencia. A pesar de que al principio se pone especial atención y foco en que la tarea de tocar un instrumento sea algo divertido y placentero siempre se encuentra un espacio para una alta exigencia en todo lo realizado. 

Además, a esto hay que sumar que desde este primer momento de formación, los músicos, nos pasamos el tiempo comparándonos unos con otros en todo aquello que realizamos. Como en la vida misma en todos los ámbitos. No aprendemos. 

Esta exigencia, la cual va aumentando poco a poco conforme vamos avanzando en nuestros estudios, puede ser: exógena, la exigencia que nos viene desde el exterior a través de nuestros padres, profesores… o endógena, la autoexigencia que cada día nos vamos imponiendo y que cada vez es más y más alta, debida, entre otros factores, a esa comparación continua con el compañero. 

En el ámbito musical, y en los artistas en general, la motivación en el estudio es fundamental tanto para nuestro bienestar general como para la calidad ofrecida en nuestras interpretaciones ya que sin ésta, nuestras sesiones de estudio descenderán en calidad y aprovechamiento del tiempo, a la vez que se irán reduciendo en duración y espaciándose más entre una y otra con lo que nuestro nivel irá disminuyendo a la vez que nuestra motivación. 

ALTA EXIGENCIA VS PASARLO BIEN

Cuando un niño comienza a estudiar música, lo primero que siempre oímos decir a sus padres son cosas similares a esta: 

“nada, si lo que queremos es que aprenda, tranquilamente, y que lo pase bien. Si luego no quiere seguir o no vale, pues no pasa nada”. 

Sin embargo, la realidad y los años han demostrado que en la mayoría de las ocasiones, el mapa mental de los padres cambia y lo que en un principio eran intenciones totalmente sanas y beneficiosas para el niño, las cuales tan solo buscaban una formación más completa del niño/a,  poco a poco se van convirtiendo en una mayor exigencia en cuanto a la calidad y nivel que debe ir demostrando, dejando cada vez más de lado y en un segundo plano esa idea inicial de pasarlo bien. 

Ya no solo hay que pasarlo bien sino que, además, hay que hacerlo bien. 

Este considerable aumento de exigencia se une a la comparación que comienzan a realizar los padres durante las audiciones de los conservatorios con los otros niños y que luego, para bien o para mal, comparten con sus hijos. 

“Fulanito toca bien, ¿verdad?. Se le notaba bastante más tranquilo que tú. Tienes que intentar hacerlo como él. ¿Ves como no pasa nada y se puede tocar tranquilo?”.

“Hoy has tocado peor que tus compañeros. Claro, seguro que ellos estudian más que tú o no lo hacen con la televisión puesta. Pues nada, si quieres que la próxima vez sea igual y seas el que peor toca sigue así, pero no creas que te voy a comprar un instrumento nuevo el año que viene”.  

Esto origina que el niño comience también a compararse con los demás de manera automática y continua, teniendo esto un efecto inmediato: deja de pasarlo bien y de disfrutar como venía haciendo y convirtiendo estas situaciones como algo “desagradable e incómodo”. 

Del mismo modo, estas comparaciones procedentes de los propios padres, de las personas en las que más confiamos y las cuales son el espejo en el que nos miramos y a quiénes más queremos agradar y satisfacer con nuestros logros, producen resultados terribles para la formacion emocional de la persona y, por ende, del músico. 

Del mismo modo que cuando un niño/a comienza a estudiar un instrumento, se busca que lo pase bien mientras aprende un nuevo lenguaje y una nueva manera de expresarse a través de la música, debemos intentar que esa diversión y disfrute se mantengan con el paso de los años, y que no se diluyan y se sustituyan por una exigencia desmesurada.

Exigencia debe existir, si no, obviamente no habría mejora y progreso, pero ésta debe estar perfectamente adaptada al nivel cognitivo y académico del alumno y nunca bajo el manto de la continua comparación con el compañero.

LAS CONSECUENCIAS. LA BAJA AUTOESTIMA

Someter a esta presión y gran exigencia a una persona desde edades tan tempranas conlleva una serie de efectos o consecuencias negativas para su desarrollo emocional. 

No podemos olvidar que no todas las personas reaccionamos del mismo modo ante las mismas situaciones y lo que para unas puede ser altamente motivante y positivo, para otras puede que sea totalmente lo contrario, algo que desespere y provoque desánimo y desmotivación. 

Para este tipo de personas, las segundas, estas consecuencias finalmente suelen aflorar traducidas en una falta de autoestima y falta de confianza las cuales se ven reflejadas irremediablemente cuando se enfrentan al público o ante una prueba o examen. 

AUTOESTIMA Y MIEDO ESCÉNICO

Para definir el concepto del miedo escénico es necesario analizar en un primer paso ambos términos. 

Por un lado, el miedo. 

Según la RAE, llamamos miedo a una “angustia por un riesgo real o imaginario”. También habla de éste como aquel “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”. 

Por otro lado, el término “escénico”, hace referencia a que éste se produce en “escena”, en el escenario, delante del público que observa detenidamente nuestra actuación. 

Por lo tanto, al unir ambos conceptos, podemos definir el miedo escénico como la angustia que sentimos ante la interpretación delante del público.


¿CUAL ES EL ORIGEN DEL MIEDO ESCÉNICO? ¿CUÁNDO APARECE?

El origen del miedo escénico viene determinado por muchos aspectos entre los que se encuentra, de manera inequívoca, la falta de autoestima del artista. 

Para evitar caer en esto, a la hora de afrontar la formación de jóvenes en el ámbito musical, debemos tratar de ver esta actividad como algo formativo pero a la vez lúdico, con la que los alumnos disfruten a la vez que aprenden. 

Si en lugar de eso no dejamos de hacer hincapié en los errores, en aquello que sale mal, si entramos en comparaciones con tintes negativos… estaremos minando la confianza en sí mismo y eliminando el disfrute y la predisposición al estudio y a la interpretación en público. 

Esto es algo que en los períodos más tempranos es inapreciable, ya que como decimos, en las primeras etapas sí que se prioriza el disfrute, pero en la adolescencia, cuando ya el juicio de los demás y las opiniones que éstos tengan sobre nosotros influyen con fuerza en nuestro estado anímico, es cuando comienzan a aparecer estos síntomas. 

REFORZANDO LA AUTOESTIMA 

Lo recomendable es adoptar conductas y acciones que eviten esta pérdida de confianza. 

Por ello, tanto desde el profesorado como desde las familias, el estudiante-alumno de música debe verse en todo momento apoyado y respaldado, sintiendo el ánimo y el aplauso ante sus progresos.

De esta manera conseguiremos que aumente el disfrute con la práctica musical, lo que llevará a que el alumno poco a poco se sienta más motivado y con más ganas de estudiar y tocar. Además, animándolo y alentándolo a pesar de los pequeños obstáculos que pueda encontrar, le estaremos enseñando a autogestionar sus emociones. 

Del mismo modo deberemos actuar ante sus actuaciones en público, intentando no compararlo con los demás, y felicitándolo siempre por el esfuerzo realizado, por encima del resultado conseguido. 

Como ya señalé en párrafos anteriores, la exigencia es necesaria pero cuidando de que ésta no exceda los límites lógicos que puedan resultar nocivos a nivel emocional. 

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